martes, 9 de febrero de 2010

Cerremos con un Aplauso

Pasará pasará si lo dejas pasar.

El tenía la cara brotada y usaba frenillo como si tuviera quince.
La reunión estaba chebere.

-Ya sabrás que te dirán
Como se curan las heridas-

Vociferaba uno de Todoslosdemás que tenía una banda, otro de Todoslosdemás hacía la percusión con una lata de Nido.
“Al chop suey lo voy a comer lo mismo” dijo una de Todoslosdemás que tenía un globo en el moflete izquierdo.
Frenillo Brotado (FB) era el cocinero, cortaba la cebolla y lloraba un poco. “Es una comida sencilla” le decía a Todoslosdemás, mientras afilaba un cuchillo serrucho con una piedra pómez que encontró en el baño.
Entre las berenjenas y los zuchinis comió un arroz fuera de punto y lo escupió.
Alguien de Todoslosdemás comentaba que el proceder del cocinero circunstancial tenía ribetes masoquistas.
“Si el arroz fuera de punto es lo único que alguien tiene en su vida que se lo coma” dijo FB.
Una de Todoslosdemás bebía un varietal a 98.6° F.
El que parecía de quince pero no era, largó el pimiento verde, saboreó el vino caliente “mejor ahora que cuando se acabe”. El pimiento amarillo lo miraba con cara de cansado.

-Ya sabrás que te dirán
Como se curan las heridas-

Seguían Todoslosdemás, el cocinero acompañó con palmas. Cerraron con un aplauso.

El pimiento verde estaba violeta de tanto esperar la crucificción.
Entre las zanahorias y el fileteado del cerdo el chef improvisado se acercó al grupo y se sentó en un sillón de dos cuerpos. “La vida está más allá de la vida” dijo.
Como era una reunión de intelectuales otro hablaba de un Mahatma que nadie conocía y del Fin del Mundo.
Cuando todos estaban borrachos una de Todoslosdemás dijo en voz alta que el cocinero era “un sádico”.
En los Re:Re:Re:Re: decía: “la idea es cenar temprano”.
El cocinero abandonaba de vez en cuando los trozos de zapallitos para memorizar la teoría de Freud sobre el Sadismo primario y el Masoquismo secundario, o a la inversa.
El wok saltaba de nervios.

Pasará pasará si lo dejas pasar.

viernes, 5 de febrero de 2010

Antes de contar hasta tres

- Jubilado de Sargento Primero - Ñoño era un cuarentón alto, rechoncho, de cara cuadrada y plana, siempre llevaba el morral de compras en la mano derecha y en la izquierda un pañuelo arrugado
-Vivo con mi mamá y éste par de cuzcos- el Pelusa y la Maga, le carrasqueaban los pantalones deshilachados, tan desteñidos que era casi imposible imaginar el color original, en una de esas era la anilina de mala calidad que usaron en el ejército, aunque esa clase de tela ordinaria también se conseguía en la mesa de saldos del almacén de Doña Elvira.
-Bueno, así es la cosa-, les explicaba el gordo a los amigos de sus perros, unos cuzcos vagabundos que parecían divertirse mucho entre ellos, porque ladraban cortito y desparejo, una mezcla de chamuyo y entrevero con no sé que, tal vez se les cruzaba alguna broma o se contaban algún secreto.
¡Era brava la subida por aquel caminito de las sierras alindado con ripio blanco!
- Será como la nieve pero no es nieve, rezongaba la Maruca -Esos de la comuna a todo lo disfrazan de seda, hay que tener buenos zancos para cruzar esas correderas angostas llenas de pozos y piedras-.
El Ñoño sonreía mucho y se reía apenas
-Me llamo Víctor Eleuterio Sánchez-
Todos sabíamos que lo de Ñoño le quedó de aquella vez que unos chicos que jugaban al pool en el bar de La Charito le dijeron que se parecía a un actor de la tele, nunca se supo si a él le molestaba que lo tomaran en solfa, mejor dejar las cosas así, no hay nada peor que estar solo en medio del océano y no saber de que lado está la orilla.
Ñoño, perezoso vaivén de burla y hechizo.
El río se llevó varias cosechas.
Sin darme cuenta, casi como en un soplo, lo vi al Pelusa, seco de hambre, sacudiendo el rabo, escudriñando un dueño.

jueves, 4 de febrero de 2010

El Jardín

Dan cavó un pozo profundo para airear la tierra y desnudó los cuellos hinchados. Era muy simple imaginar los brotes de fresias pujando por salir, buscando la luz.
-No, tan separados no-dijo ella.
Habían leído cientos de veces que los bulbos separados daban una floración más natural efecto paradójico, caprichoso y equilibrado. En el trajín del cultivo, Eileen desgranaba el suelo apenas húmedo y Dan distribuía con precisión las capas de mantillo. Durante más de cuarenta años el refinamiento giró alrededor de aquel arce enhiesto, perfecto, que resguardó de excesos el jardín que Los Green diseñaban para cada mes de Abril. A la pareja le fastidiaba repetir la distribución de los colores y las formas, apenas abrían los pimpollos, tomaban fotografías que encarpetaban en un álbum con tapas de tela, al año siguiente harían otro bosquejo, para eso, había que esperar.
Eileen jugaba bridge, y a veces fumaba, Dan fue rugbier desde los 18 hasta que empezó a cultivar flores.
Todos los vecinos sabían del ritual de la siembra, y se acercaron a saludarlos y a traerles regalos como en un día festivo, Eileen se acercó al grupo para retribuir el afecto y agradecer, a Ann la mermelada de frambuesas, a los Miller la caja de té chino, a Rachel y a los demás pastas caseras dulces o saladas.
Dan miró el cuerpo de su mujer, delgado, casi juvenil, que remataba en un sombrero de ala, él se resistía a usar gorras o boinas.
-Esos accesorios inútiles me dejan marcas en la frente y la nuca- decía.
Se incorporó con dificultad, saludó a los vecinos arremolinados detrás de la cerca, con el brazo en alto, sonriendo, como si fuera Miss Celebrity y entró por la puerta lateral. El cerco de ligustros lo ocultó de fisgones, se sentó en el césped y empezó a friccionarse la rodilla. Ese dolor en la rodilla derecha le acarició el ánimo durante mucho tiempo.
-Pulsión de autodefensa- dijo un ex-compañero en el encuentro anual de The Bears y le guiñó un ojo, la Noche del Tercer Tiempo, le llamaban a la reunión de los primeros sábados de Octubre de cada año, desde que la División de Veteranos consideró que era mejor charlar en un bar, que hacer papelones en la cancha.
Dan entró al cuarto de servicio, se duchó y se puso ropa limpia, secó con un trapo la humedad condensada en el vidrio de un Diploma de Honor al mejor compañero, miró las Copas de Premios opacas por el vaho y pensó en lustrarlas más tarde.
Desde la ventana de la cocina con las manos en los bolsillos miraba a Eileen ordenando hasta el último vestigio de siembra, siguió en la misma postura hasta que escuchó a Eileen que empujaba la puerta vaivén.
-Tendremos que esperar hasta que estalle-dijo Dan sin moverse.
Eileen dejó sobre un mueble los regalos, se quitó el sombrero de ala y lo puso en el perchero.
-Como todos los años, lo mimamos para que nos sorprenda- dijo ella de buen ánimo-. Bajo enseguida para preparar el té.
A él le hubiese gustado oficiar alguna vez la ceremonia de la “Hora del Té” pero conocía la afición casi desmedida de su mujer por inundar la cocina de aroma a té ceylandés, cubrir los scones con dulces y crema, servir la infusión con unas gotas de leche apenas tibia, beber a sorbos cortos y comentar algo de sus vecinos, de Ann, su colección de confituras, de lo fastidiosos que era los mellizos Miller que cada año rompían la cerca, Rachel y sus sombrillas de colores chillones, en los segundos que Eileen tomaría aire para respirar, él se pondría de pie para darle un beso en la frente y escaparía al cuarto de servicio con la franela y el líquido limpia metales.
En su cuarto Eileen estaba sentada en la banqueta de su tocador envuelta en una bata, todavía con el pelo húmedo puliendo las aristas de sus uñas, al terminar dejó la lima y sin temor a herir el mueble de roble, sacó un bulbo de lirio envuelto en papel de seda y le partió el corazón con la tijerita manicure.

martes, 29 de diciembre de 2009







Se notaba que aquello era un hueco;
como si ahí hubiera habido un espacio,
un bajar la mirada a una nota al pie y después volver;
un “tramo” que alguna vez había resultado insalvable.

Todo eso que parecía que se había contado y recontado tantas veces hoy era hondo,
era oscuro.
Tenía la sensación además de que la brecha se hubiera tragado un par de cosas,
y todas ellas hubieran estado siempre cayendo,
rodando,
o sin hacerlo.
Sin arrastrar nada,
o llevándoloselo todo,
para no tocar fondo nunca.

El movimiento circular y las anécdotas sobre la rueda me hicieron acordar a una frase que había escrito una vez:

“soy un círculo que gira en una calle recta”

Y entendí ahí la inutilidad de la metáfora;
y entendí también que el problema estaría no si yo giraba en rectas,
sino en curvas;
habría tantas cosas redondas,
igualmente redondas.
Entonces recién ahí esa confusión se parecería mejor a este caos;
y la metáfora sería una metáfora y no una frase que me asaltó en una clase epistemológica.

Hay un par de personajes de una serie-de-dibujos que mira Abuelo y Hermano,
se llama : “Los Padrinos Mágicos”
Supuse- mientras la miraba de reojo- que en esa serie los dos padrinos/haditas elevarían a Timmy para que se deslizara sobre cualquier hueco,
sin pisar,
sin rodar,
sin caerse.

Timmy Turner tiene ojos celestes y es varón.
Usa siempre una remera y una gorra rosada, muy rosada y es varón.
Pide deseos –distintos- todos los capítulos,
es decir todos los días,
pide deseos, tiene voz fina y es varón.


A veces,
Sobre todo en las noches,
Me acuerdo cuando me preguntaban a mí que desearía en caso de que mágicamente pudiera hacerlo.
Se me cruzaban por la cabeza muchas cosas;
entre ellas:

“volar”

por ejemplo
- como decían que querían todos-

En realidad sabía bastante bien lo que quería,
lo que deseaba;
deseaba ser de varias formas,
todos los días de distintas formas,
pero realmente,
honestamente,
cuando me preguntaban nunca sabía exactamente como contestar lo que deseaba.
MFL

viernes, 25 de diciembre de 2009

El círculo

18:08 hs Llego tarde. Dibujo un mapa en mi cabeza, por las cuadras que quedan y el tránsito, tardaré menos caminando. Cruzo en diagonal la plaza, poca gente anda dando vueltas, llovió temprano y nadie se quiere mojar. Llego a la próxima esquina, miro la numeración y cuento las cuadras que faltan. Me apuro más. El viento golpea mi cara. Hago carreritas imaginarias con la gente que camina delante de mí, pongo en mute el sonido de la ciudad.
La calle se va angostando y el paisaje cambia de una cuadra a la otra. Edificios, paradas de colectivos, negocios con carteles y cajones afuera, gente amuchada oliendo a transpiración. De pronto, los techos bajan y aparecen casas con jardines y verjas, madres paseando criaturas que no llegan al metro y que moquean y babosean al mismo tiempo. En este paisaje, esos obreros rompiendo la calle, yo frenética y desencajada y ese muchacho de buzo naranja que camina delante, desentonamos. La tarde sigue gris y estoy perdida.
Giro. Subo una cuadra para no volver a pasar por donde están los obreros rompiendo la calle y murmurando palabras como te chupo todo, chupamela, vení mamita que la tengo dura y demás. Me repito “estoy perdida” y, en la repetición, la calle que busco se vuelve desconocida. No estoy segura si esa calle está por acá o si era esa la calle que decía el mail. Sigue gris la tarde.
Desisto de llegar y recuerdo a todos los que les conté que vendría. Empiezo a pensar las próximas justificaciones:
-no llevé la dirección
-no tenía la dirección exacta
-confié en mi intuición y me falló
-desistí de ir

Desistí de ir y encuentro la calle, la próxima cuadra es al 900. Tomo velocidad otra vez, respiro hondo, me tuerzo el pie, pateo una bolsa de basura, parece que voy a rodar por la vereda y dar con el culo en el piso, pero no. Una casa vieja termina y se abre un espacio, un cartel anuncia que es acá. De un lado una entrada de cochera, un auto estacionado y una puerta doble, negra y cerrada. Del otro, una vidriera iluminada muestra un espacio blanco, con estantes, libros y una rubia detrás del mostrador. Abro la puerta, subo los escalones, hago cinco pasos y la rubia sale del monitor, mueve los brazos y dice algo sobre mis datos. Subimos una escalera con paredes verdes flúo. Arriba una especie de oficina con media pared de vidrio y puerta oscura. La rubia abre la puerta. Adentro, sentados en círculo y en sillas incómodas un grupo de personas. Sentado en un cómodo y mullido sillón bajo, un buda. Interrumpo. Todos, incluido el buda, se quedan mirándome. Digo algo y él parece entenderlo. Están todas las sillas ocupadas, creo que es la excusa perfecta para ingresar disimuladamente el silloncito que está fuera pero él se apresura a bajar y buscarme una silla exactamente igual a las demás.
Llegué.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz navidad 2009

¡Feliz navidad 2009! Para todos los seguidores del blog del taller y para mis queridos compañeros. ¡Les deseo una feliz celebración en estas fiestas a todos!

Les dejo dos presentes navideños virtuales:

-Una "Canción de navidad" de Silvio Rodriguez (donde se puede leer el texto).


-El escrito de "Una navidad" de Truman Capote.
Enlace a Una navidad de Truman

martes, 22 de diciembre de 2009

Instrucciones para la escritura de Rozitchner

Comparto con ustedes este video que encontre en la tela de araña virtual. En él, Alejandro Rozitchner (Escritor y filósofo) nos brinda, de forma simple y concisa, consejos sobre cómo hacer para ponerse a escribir. Los consejos se orientan directamente hacia la acción, hacia la práctica concreta de escribir.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

bellos, pálidos y jóvenes

Los Algunes

Esta es la historia de alguien. Si bien el lector atento puede llegar a reconocer este inicio del relato, el nudo y el desenlace de esta historia no tendrán semejanza alguna con la que el distinguido lector seguramente ya ha leído en alguna otra ocasión y podrá ver que un mismo inicio no siempre converge en un mismo final.

Este alguien tiene un nombre. Seguramente. Pero yo no lo conozco. Al nombre. A este alguien, sí. Pero realmente nos es prácticamente irrelevante el nombre de este alguien. Digamos que, para individualizarlo, para darle forma humana, llamaremos a este alguien por Alguien.

Alguien es un tipo normal. Tiene intereses, como cualquier otra persona. Y, también, por qué no, intereses en otra persona. Y curiosamente a esa otra persona le interesa alguien, que es, claro, Alguien. Podríamos, no puedo evitarlo, llamar a este nuevo interés de Alguien, por Alguna. Alguien y Alguna se conocieron por medio de
círculos. Eso círculos que alguna (y no Alguna) vez mencioné. Hasta hubo un futuro día de pesca.

Alguien y Alguna –de ahora en más, los Algunes, ¿vio?, para facilitar la escritura– no llegan a conocerse del todo y Alguna deja de contactar a Alguien. Alguien no comprende nada, aunque tampoco reclama algo, y la desazón lo absorbe. Y así como la desazón absorbe a Alguien, Alguien absorbe a su vez grandes cantidades de alcohol para olvidar a Alguna; sus técnicas milenarias del chamuyo y la seducción ya no le han funcionado.

Es que últimamente el pobre de Alguien anda mal de probabilidades y la dupla de la seducción y del chamuyo –amistad y química– se tuerce irremediablemente sobre la primera, que es justamente el dado que ha lanzado Alguna. Analizando un poco más el dado en profundidad (bueno, no en profundidad, pero sí viendo las caras del mismo), Alguien ha observado que sólo en una de las seis caras del cubo puede leerse la palabra "química". ¿Será que todas las Algunas usan el mismo dado? ¡Si tan sólo supiera quién es el maldito comerciante de azar que vende dados de amistad en vez de dados químicos!

Hay alguien que necesita empezar a tomar clases de casino o anotarse en el curso de croupier.

martes, 1 de diciembre de 2009

La bestia y el charmant

Hoy voy a amarte
a mi manera personal,
hoy voy a amarte
como la bestia y el charmant,
un amor refinado y exquisito,
también obsceno, zafio , ramplón y vulgar

Hoy voy a peinarte
como un coiffeur internacional,
y hoy voy a manosearte
con la finura perversa de un sátiro rufian,
vas a perder la orientación, bebé,
con mi melange de raffinoeur y fourvouyant

Hoy vas a intoxicarte
con caricias y dulzuras de criatura surgida de un extraño ensueño
y hoy vas a montarte potranquesa,
desnuda de tabúes a los furores galopantes de mis instintos animales,
estallarás fosfórica y llena de luz en alma y cuerpo
y llegaremos hasta el éxtasis del cielo

Hoy me siento indigno
si no me hinco de rodillas
a adorarte y rezarte y venerarte
ígnea y férvida ninfesa,

hoy estoy perdido,
en el cosmos negro y frío,
en el cosmos misterioso de tu ausencia,
mi enjoyada arzobispesa,

nunca jamas voy a olvidarme
de cómo hicimos el amor
sobre tu alfombra francesa.


Papi Chimi Romero